Tema de Catecismo: La Justicia Social y la Solidaridad (CCC 1943-1948)

Una de las características distintivas de la moralidad moderna es el énfasis en la libertad personal y la responsabilidad. La vara de medición de la moralidad parece ser: "Si mis acciones como individuo no hieren a otros, entonces, las acciones son permisibles."  Por supuesto, esto hace caso omiso del cuadro general. Nosotros, como individuos, formamos una sociedad. Contribuimos a esa sociedad en una forma u otra. Por lo tanto, debemos tener una cierta responsabilidad para nuestra sociedad. La libertad personal y la responsabilidad no se oponen al sentido de justicia social.


"La Justicia social" es la obligación de una sociedad para crear las condiciones que permitan a los individuos y los grupos recibir lo que se les debe. (1943) Los derechos fundamentales de la igualdad individual y social se derivan de la dignidad de la persona. Ya que todas las personas tienen igual dignidad, la sociedad debería hacer un esfuerzo para disminuir las desigualdades sociales y económicas. (1944, 1947)


La virtud cristiana de "solidaridad" es "caridad social"; es un respeto y amor por otros basado en su dignidad como personas. La solidaridad significa un compartir de los bienes materiales y, lo que es más importante, compartir la fe y otros valores espirituales. (1948)

En la manera de Lucas, los "pobres" tienen un sentido de solidaridad, porque que se centran en el bien de los demás. Los "ricos" ante la mirada de Lucas, se concentran sólo en sí mismos y las consecuencias de las acciones en sí mismos (mientras ignoran a otros).

¿Cómo has participado en actividades de "justicia social"? ¿Cómo te han bendecido?

¿Quién eres tú: Pobre o Rico? Podemos examinar la diferencia de otra manera. El Amor nos hace económicamente pobre pero enriquece nuestras vidas; la ambición nos hace económicamente seguros pero nos deja egoístas y superficiales. Nuestras vidas revelan nuestras prioridades. Quiera Dios darnos el poder de elegir el amor sobre la ambición, su reino sobre las riquezas presentes.
Obviamente, nosotros los cristianos tenemos distintas prioridades en diferentes ámbitos de la vida en diferentes momentos. Por lo tanto la cuestión sobre desinteresado (pobre) vs egoísta (rico) no es tan clara. Sin embargo, un simple reflexión de nuestras actividades durante la semana pasada puede ayudarnos a realizar cambios para la próxima semana. ¿Qué podemos hacer para llegar a ser un poco "pobres" y un poco más "Bienaventurados", esta semana próxima?

LAS BIENAVENTURANZAS

Dios nos hizo a su Imagen  y Semejanza

Dios dijo “Hagamos ahora al ser humano a nuestra imagen y semejanza.”
Basado en Génesis 1:26

Cuando Dios nos creó como sus hijos, nos hizo a su "imagen y semejanza." Dios nos dio ciertas cualidades: una alma eterna, una libre voluntad y una mente. Como Dios, viviremos para siempre. Tenemos el poder para elegir, y podemos utilizar nuestras mentes para tomar buenas decisiones. En un pequeño paso, las cualidades dentro de nosotros reflejan a Dios. Es por eso que fuimos creados a imagen de Dios.
Pero, mostramos a otros que somos "Semejanza de Dios?" ¿Muestran nuestras acciones como es Dios realmente? A veces actuamos egoístamente. A veces es más fácil ser egoísta. Esos son los momentos en los que no mostramos ser la "Semejanza de Dios." Esos son los momentos que necesitamos ayuda.
Jesús nos ayuda cuando nos enseña por medio de historias y dichos sabios. Una vez, nos dio las Bienaventuranzas. Ellas nos dicen que hay que amar a Dios primero. Nos retan a decir "no" al egoísmo. Y nos recuerdan que nuestro objetivo es el Reino de Dios.

Las Bienaventuranzas

Y cuando vio las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a El.  Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:
Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados.
Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.
Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí.
Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Basado en Mateo 5:1-12a


Piensa en las bienaventuranzas por un momento. ¿Alguna vez has conocido a alguien que es humilde, que perdonó a otros, que hizo la paz, que estuvo dispuesto(a) a defender y hacer lo correcto, incluso si otros lo criticaban por sus acciones? ¿Muestra esta persona a otros como es Dios realmente?
Aunque hagamos tanto cuanto podemos, para querer ser el tipo de personas que viven las Bienaventuranzas, necesitamos ayuda adicional. Jesús nos dio esa ayuda en el Espíritu Santo. El espíritu nos da el don de la vida eterna con Dios, la inspiración para saber hacer lo correcto y el poder para hacerlo.


Cuando Jesús enseñaba las Bienaventuranzas, desafió a su audiencia a mirar al Reino de Dios en una nueva forma. En su reino, Dios bendeciría al desinteresado: al humilde, al perdonador, al pacífico, a quienes luchan por el bien de los demás, a quienes siguen a Jesús. Felices son aquellas personas que aman como Dios ama.


Pero Jesús tenía una advertencia para los egoistas:
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!".

Basado en Lucas 6:24-26