17 Hijo mío, actúa con tacto en todo, y serás amado por los amigos de Dios.
18 Mientras más grande seas, más debes humillarte; así obtendrás la benevolencia del Señor.
20 Porque si hay alguien realmente poderoso, ése es el Señor, y los humildes son los que lo honran.
28 No hay remedio para la miseria del orgulloso: el mal ha echado raíces en él.
29 El hombre sabio medita las máximas en su corazón; todo lo que el sabio desea es hallar a alguien que lo escuche. Biblia Latinoamericana
En una época de constante cambio cultural, ¿dónde encuentra alguien sabiduría duradera? Sirach escribió estos versos para guiar a sus lectores a través de los tiempos inciertos.
Como una provincia del Reino Sirio en 180 a. C., Judea se enfrentó a un Egipto beligerante en el sur. Al mismo tiempo, el creciente poder de Roma emergía desde el oeste, amenazando el Reino. El rumor, las luchas y la intriga política eran rampantes en Siria; las secuelas políticas desgarraban Jerusalén. Era un momento para que el orgulloso y el ambicioso aprovecharan el día.
Pero Sirach aconsejó humildad en los asuntos diarios. ¿Por qué? Porque el orgullo y la ambición tienden a pasar por alto los detalles sutiles de la vida y las relaciones. El orgullo lo hace a uno parecer más importante de lo que él o ella son, realmente. Al final, los soberbios son derribados. La ambición coloca el poder en las arenas políticas o sociales donde el poder erosiona rápidamente. Ni el orgullo ni la ambición pueden construir ninguna cosa de valor duradero.
La humildad, por otra parte, le da a uno un verdadero sentido de lugar. Le recuerda a uno su condición como criatura ante Dios y la igualdad ante otros. [3:17-18] La humildad le ayuda a uno a aceptar las cargas de la vida, esas limitaciones personales y las situaciones de la vida que no parecen tener explicaciones racionales. [3:20]. La humildad nos enseña una apertura de mente y corazón para aprender de los demás. [3:28]. Finalmente, la humildad permite caminar en los zapatos de los demás y actuar con compasión, especialmente con los pobres. [3:29]
Como una virtud, la humildad se ejecuta en el núcleo del carácter. No es una máscara que nos ponemos como un medio de auto- degradación social o un medio de ascenso social. La verdadera humildad es simplemente para saber cuál es nuestro lugar en el mayor esquema de las cosas. Es para que nosotros mismos miremos a través de los ojos de Dios y amorosamente aceptemos lo que vemos. Este conocimiento y auto-aceptación nos dan medios seguros para sobrevivir tiempos de incertidumbre.