16b Dios dijo a Elías, “… y consagrarás a Eliseo, hijo de Safat, de Abel-Mejolá, como profeta en vez de ti”.
19 Partió de allí Elías y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien estaba arando; tenía doce medias hectáreas de tierra para arar y estaba en la duodécima. Elías se le acercó y le tiró encima su manto. 20 Inmediatamente, dejando sus bueyes, Eliseo corrió tras Elías: «Permíteme, le dijo, que vaya a abrazar a mi padre y te seguiré». Pero Elías le respondió: «¡Puedes volverte, era algo sin importancia!» 21 Eliseo se alejó pero para tomar la yunta de bueyes y sacrificarlos; asó su carne con el yugo y se la sirvió a su gente, luego se levantó, salió tras Elías y entró a su servicio.
Biblia Latinoamericana
Inmediatamente después que Elías se dio cuenta de la presencia de Dios en el más suave susurro del viento, recibió una misión: ungir dos reyes y un profeta. El profeta se convertiría en un aprendiz; pero, finalmente, el aprendiz reemplazaría a Elías. Este aprendiz fue Eliseo, un agricultor con algunos medios (indica el número de bueyes y el arado de Eliseo, indica que tenía cierto éxito en su vida).
Con la llamada, Eliseo tomó la decisión de dejar su familia y sus medios de subsistencia. Con el sacrificio de los bueyes y la destrucción de su arado, Eliseo corta todos los lazos. Ahora era libre para seguir el llamado de Dios como un profeta y vivir como un predicador de nómadas.
Dios nos llama a todos a una misión, a confiar en él y su Divina Providencia, animar a otros a hacer lo mismo. No todos nosotros podríamos ser llamados como Eliseo para convertirnos en profetas en el camino. Pero Dios espera de nosotros que tengamos fe y no estemos demasiado preocupados autonómicamente por nuestros propios intereses.
¿Alguna vez te ha llamado Dios para probar que renuncias a alguna actividad personal? ¿Qué pasó?