El sello de la vida de Jesús antes de su bautismo fue el silencio. Vivió una vida ordinaria, haciendo lo que hacía un ciudadano corriente en ese tiempo. Fue un Judío, obediente a su fe, a su familia y a su profesión. De esta forma, Jesús vivió como nosotros vivimos. El silencio de sus primeros años destacó su solidaridad con nuestra condición humana. Pero ese silencio también sembró las semillas de su Ministerio, su obediencia al padre.
El hallazgo de Jesús en el Templo es la única vez cuando se rompe el silencio. Como vimos anteriormente, esa narrativa miraba a la vida ordinaria, pero también miraba a un Ministerio extraordinario.
¿De qué manera ha roto Dios la rutina diaria de tu vida para revelarse a sí mismo? ¿Cómo se proclamó a sí mismo Señor?
"Feliz año nuevo!"
Este es un momento para retirarse de la rutina diaria y adoptar una visión de lo que puede llegar a ser. Jesús dio a su Madre y su Padre adoptivo tal vistazo. La visión puede haber sacudido a la pareja, pero les señaló lo que sería. También nosotros, necesitamos un tiempo para buscar la voluntad de Dios, para echar un vistazo en el futuro. Lo que vemos puede sorprendernos a nosotros, también. Sin embargo, esa visión nos conducirá a la alegría y esperanza.
Que Dios nos bendiga todos este año!
Tómate unos momentos para orar por el año que viene. ¿Qué peticiones tienes este año? Anota todos tus pensamientos y ubícalos. Revísalos el próximo año para este tiempo. Te sorprenderás lo que Dios tiene en el almacén.