PRIMERA LECTURA:  Isaías 9:1-6

Por qué habla un Profeta

1 El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. 2 Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, como se alegran al repartirse el botín. 3 Porque tú quebrantaste su pesado yugo, la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, como en el día de Madián.
5 Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: "Consejero admirable", "Dios poderoso", "Padre sempiterno", "Príncipe de la paz"; 6 para extender el principado con una paz sin límites sobre el trono de David y sobre su reino; para establecerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. El celo del Señor lo realizará.

Los profetas normalmente surgen en tiempos de desastre inminente o problemas presentes. Conectan las condiciones actuales y los males con las consecuencias del juicio divino. A veces la sentencia era negativa, a veces positiva. Isaías habló de la última. Vendrían días mejores.

Isaías estaba preocupado por la influencia que las potencias regionales tenían en el pequeño reino. En aquel tiempo, alinear el Reino con Asiria al norte o Egipto al sur significaba adoptar sus dioses y sus costumbres de culto. Incluso podría significar rendirles homenaje. Evidentemente, esto no era aceptable para el profeta. No, él esperaba en un verdadero Rey que no había sido contaminado por el mundo. Un rey que pudiera ofrecer a YHWH  un culto puro y verdadero. El niño que él imaginó en estos versos iba a romper el estrangulamiento que estos poderes tenían en Judea y permitiría el culto al único Dios: YHWH, el Dios de la nación.

Los Cristianos han tomado las palabras de Isaías sobre el nacimiento de un nuevo Rey y las han aplicado a Jesús de Nazaret. Pero su nacimiento no rompió los lazos políticos. Rompió grilletes cósmicos. La Muerte y el Pecado ya no tienen poder sobre nosotros. La fuerza demoníaca ya no tiene su día. El poder que era sujetado por los tiranos había desaparecido.

¿Por qué hablaba Isaías? Quería que la gente supiera que venía un día mejor. Él no entendía completamente, sin embargo, que este día no sería bueno. Sería un gran día. El día que nació el Salvador!

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