Salmo 116
1 Amo al Señor, porque él escucha el clamor de mi súplica, 2 porque inclina su oído hacia mí, cuando yo lo invoco. 3 Los lazos de la muerte me envolvieron, me alcanzaron las redes del Abismo, caí en la angustia y la tristeza; 4 entonces invoqué al Señor: «¡Por favor, sálvame la vida!». 5 El Señor es justo y bondadoso, nuestro Dios es compasivo; 6 el Señor protege a los sencillos: yo estaba en la miseria y me salvó. 7 Alma mía, recobra la calma, porque el Señor ha sido bueno contigo. 8 El libró mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída. 9 Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes. 10 Tenía confianza, incluso cuando dije: «¡Qué grande es mi desgracia!». 11 Yo, que en mi turbación llegué a decir: «¡Los hombres son todos mentirosos!». 12 ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo? 13 Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor. 14 Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo. 15 ¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! 16 Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. 17 Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. 18 Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo, 19 en los atrios de la Casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. ¡Aleluya!
De qué manera te afecta el viajar? Experimentas alguna intranquilidad al viajar? A caso el prospecto de dejar la casa te trae gozo o un sentido de aprehensión? Por qué?
El Salmo 116 pudo ser cantado por un peregrino que llegaba a Jerusalén para la Pascua o uno de los grandes festivales. El canto celebraba la vida salvada y renovada. Claramente, el cantor retrataba a uno a las puertas de la muerte (116:3, 10b-11). La persona en peligro hacía votos al Señor (116:14, 18). Ya sea que los votos eran un resultado de la muerte inmanente o no, la persona profesaba su fe en la intervención divina cuando el peligro se acercaba (116:1-2, 5-8). La persona celebraba un sacrificio de acción de gracias. (La "copa de salvación" en 116:13 era el vino ofrecido en tal sacrificio; los votos prometidos en 116:14, 18 usualmente eran donaciones hechas al Templo.) En realidad, este sacrificio era una vianda de comunión donde el oferente comía de la carne ofrecida a Dios. En la comida, el adorador declaraba su fidelidad a YHWH por medio “llamado en el nombre del Señor.”
El Salmo 107 nos da una clave del porqué del sacrificio de acción de gracias sería apropiado para alguien que ha sido rescatado de una experiencia mortal. El Salmo detallaba las cuatro razones para tal sacrificio: quienes llegan sanos y salvos de los peligros del viaje por tierra (107:4-9) o mar (107:23-31), libertad de la prisión (107:10-16), o sobre-ponerse a enfermedades (107:17-22). Un peregrino podría experimentar cualquier o todas ellas; cada una pone al peregrino en peligro.
Imagínate el sacrificio que el peregrinar implicaba. En la actualidad no sucede igual. (Después de todo, el turismo colapsaría si el viajar se presentara tan riesgoso, o que las posibilidades de enfermarse y de ser puesto en prisión fueran altas.) Pero, podemos apreciar lo que los peregrinos arriesgaban a lo largo del camino y su gozo cuando alcanzaban la meta de su viaje. Si tuviésemos que aguantar lo que ellos enfrentaron, nosotros, también, agradeceríamos al Señor cuando llegáramos a nuestro destino.
Que incomodidad spiritual has experimentado hasta ahora a través de su viajar espiritual? Qué retos enfrentas cuando te abres paso hacia Dios? De qué manera puedes darle gracias a Dios por una feliz llegada a tu destino?