Segunda Lectura: Santiago 5:1-6
1 Lloren y laméntense, ustedes, los ricos, por las desgracias que les esperan. 2 Sus riquezas se han corrompido; la polilla se ha comido sus vestidos; 3 enmohecidos están su oro y su plata, y ese moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes, como el fuego. Con esto ustedes han atesorado un castigo para los últimos días. 4 El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando contra ustedes; sus gritos han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos. 5 Han vivido ustedes en este mundo entregados al lujo y al placer, engordando como reses para el día de la matanza. 6 Han condenado a los inocentes y los han matado, porque no podían defenderse.
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5:4 “Señor de los Ejércitos” es literalmente “Sabaoth,” un título militar para Dios. El "Señor de los Ejércitos” pintaba a un gran Rey a la cabeza de su Vasto ejército (las “huestes/tropas”).
La diatriba de Santiago contra el rico era un prejuicio cultural entre la gente común del mundo antiguo. Con noventa y cinco por ciento del Imperio Romano clasificado como "pobre", la gente rica eran caricaturizada y mirada con desdén. Santiago no equiparaba el dinero con la maldad, sin embargo. El describía al rico como hambriento de riqueza y coleccionista y almacenador de dinero. "Rico", a los ojos de Santiago, no era el tamaño de la cuenta bancaria, pero una actitud que ponía el dinero sobre todo lo demás.
Había varios asuntos que observar en este pasaje. Santiago implicaba que la Segunda Venida sería un juicio contra el rico (la advertencia de los tiempos difíciles en 5:1 y el llanto que sería oído por Dios en 5:4). El dinero era una moneda pesada (oro o plata en 5:3); con el tiempo estos metales se decoloraban o gastaban (i.e., “oxidado”). Igual que otras riquezas (vestidos en 5:2), el dinero mismo era transitorio. Finalmente, la gente que servía a los ricos eran los mismos a quienes los ricos oprimían (los granjeros en 5:4 y los justos en 5:6). Tomados juntos, ambos vivían solamente para el momento, pero los ricos tenían la intención de mantener su estilo de vida. Esta actitud los cegaba ante la gran visión que presentaba la fe. La riqueza palidecía, pero la fe no. De hecho, Dios haría justicia contra cualquier mal que los ricos cometieran contra los pobres, especialmente en el fin del mundo.
Las palabras de Santiago nos dan una pausa. Hemos creado comodidades que nos hacen la envidia de los pobres del mundo. Cómo respondemos a las necesidades del pobre, incluyendo a los que mueren de hambre en tierras lejanas? Si Santiago estuviese vivo hoy, usaría él las mismas palabras contra nosotros?
De qué manera le has ayudado a los pobres y necesitados recientemente? De qué manera ellos te han ayudado a crecer?