Segunda Lectura: Santiago 2:1-5
Prejuicio Social
1 Hermanos: Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos. 2 Supongamos que entran al mismo tiempo en su reunión un hombre con un anillo de oro, lujosamente vestido, y un pobre andrajoso, 3 y que fijan ustedes la mirada en el que lleva el traje elegante y le dicen: "Tú, siéntate aquí, cómodamente". En cambio, le dicen al pobre: "Tú, párate allá o siéntate aquí en el suelo, a mis pies". 4 ¿No es esto tener favoritismos y juzgar con criterios torcidos?
5 Queridos hermanos, ¿acaso no ha elegido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
Tal como aprendimos en la lección de la semana pasada, Santiago escribía a una audiencia Judío-Cristiana. El hacía énfasis en el deber moral de la Ley sobre los rituales, y contra quienes miraban la fe como el único ingrediente necesario para la salvación. Entonces, Santiago en realidad tenía dos antagonistas implícitos: Las sinagogas Judías con sus conexiones al culto del Templo y los Cristianos libertinos.
En este pasaje, Santiago argumentaba nuevamente por la moralidad como una base para la fe en Cristo. Mientras el pasaje parecía auto-evidente, habían algunas sub-corrientes que vale la pena mencionar. Primero, esta era una carta a la comunidad (o comunidades). así que, la intencionada audiencia era más grande que el liderazgo. (Aunque, 2:2-4 parecía estar dirigida a los líderes). Segundo, la escogencia extrema era más un instrumento retórico Semítico que un problema real. (Después de todo, cualquier líder que tratara a un pobre hombre tan mal causaría un escándalo en la comunidad. Su actitud sería un insulto la virtud común de hospitalidad.) Finalmente, las palabras "juzgando" y "juzgar" y "juez" en 2:4 parecían comparar al malvado con un líder de una sinagoga Judía. Tal líder podía sentar a un invitado en un lugar de honor durante el servicio. (Estaba Santiago acusando a sus contrapartes de la sinagoga como hambrientos de dinero y reconocimiento social?)
Con estos pensamientos en mente, miremos al asunto real del pasaje. Santiago no se dirige a un problema real, por si, pero a una actitud: el prejuicio social. Casi todo mundo prefiere asociarse con quienes tienen el mismo nivel social, o más alto. Casi todo el mundo quiere subir en la escala social. Muy pocos desean descender. Nadie quiere ser pobre, hambriento, y mal vestido. Dejemos, tal como Santiago lo menciona, que el pobre sea rico en la Fe. Su fe es el sostén silencioso de la comunidad. Ellos orgullosamente comparten lo que tienen con otros, sin pensar en el mañana. Porque su mañana depende de la bondad del Señor.
El Señor Jesús vino a salvarnos a todos, incluyendo a quienes han sido segregados. Si el prejuicio social nos desconecta con los humildes o pobres, cómo podemos ser fieles seguidores de Cristo? La fe que Santiago proclamaba está dirigida al Señor en gloria (2:1), al juez de todos. Si no juzgamos de la manera que El lo hace (sin favoritismos) como podemos llamarnos verdaderos Cristianos?
Decía un profesor, "todos tenemos prejuicios. La pregunta es: qué hacemos con ellos?" Reflexiona en tus preferencias personales. De qué manera te has sobre puesto a tus prejuicios? Cómo llegaron esos prejuicios en tus relaciones? Han afectado tus esfuerzos de evangelizar? Cómo?