Primera Lectura: Isaía 35:4-7
4 Esto dice el Señor: "Digan a los de corazón apocado: '¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos'.
5 Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. 6 Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará.
7 Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra seca, en manantial".
Tal como lo dice el viejo adagio, el trabajo del profeta es traer tranquilidad al afligido y afligir al que está tranquilo. En medio de la parte última (castigar al rico y poderoso) el profeta da alivio.
Este pasaje es parte de un gran poema de liberación. La gente desconsolada (representada por los temerosos, de corazón apocado [4], el ciego y el sordo [5], y el cojo y el mudo [6] serán restablecidos hasta la plenitud. La tierra del pueblo será fructífera; los fuentes de agua se volverán estanques desiertos, las tierras secas en manantiales[7]. El pasaje describe un tiempo de restauración divina.