Evangelio: Marcos 10:17-30
Cuál es la necesidad más grande en nuestra sociedad? Hasta dónde la gente buscará respuesta a esa necesidad?
Durante las temporadas de nuevas elecciones, los políticos de cada lado prometen políicas y programas para satisfacer cada necesidad. Tienes un problema? Mira alrededor. Pronto encontrarás un candidato que va a darte poder con una solución.
Por supuesto, el cínico en todos nosotros sabe mejor. Pero ese trozo de escepticismo en lo que sabemos no nos detiene en nuestras ansias de respuestas a nuestros problemas. Algunas veces buscamos medios políticos, algunas veces medios privados. No importa lo arduo que luchemos, no importa cuánto dinero o influencia tengamos, no parece ser suficiente. Todavía buscaremos apoyo en aquel que nos puede hacer feliz, apoyaremos a quien consideremos nos dejará satisfechos.
Un hombre se arrodilló ante Jesús para encontrar una respuesta a su búsqueda. Lo que Jesús le dijo al hombre retó la dirección fundamental de su vida.
El evangelio se refiere a dos asuntos de fe. Primero, qué puedo hacer para ganar la vida eterna? y, segundo, quién me puede ayudar cuando fallo en conseguir la meta? En Marcos, la respuesta a la primera pregunta eran los medios para la vida eterna: confianza. La respuesta a la segunda pregunta era el objeto de la confianza: Dios.
17 En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante Él y le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?". 18 Jesús le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 19 Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre".
20 Entonces él le contestó: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven". 21 Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme". 22 Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.
10:17 ""Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar (de Dios) la vida eterna?" Nosotros los modernos tenemos la tendencia a pensar en términos de herencia como un derecho de nacimiento, sin importar que los padres (y algunas veces lo hacen) pueden dejar a los hijos fuera de la herencia. Mientras la pregunta usaba la la palabra "alcanzar"(heredar), esta tiene raíces en "obtener", claramente la pregunta asumía al dador (el Dios de Israel) que lo daría como un regalo.
En el contexto del Judaísmo, la pregunta implicaba unirse a los salvos que se habían quedado rezagados, esos que al final de los tiempos serían resucitados por Dios y entrarían en su Reino. Cuando el hombre hacía la pregunta, él estaba pidiéndole a Jesús que definiera al "verdadero" pueblo de Dios, el grupo que gozaba del favor de Dios. Así que la pregunta hecha demandaba que Jesús definiera lo que era el Judaísmo.
10:17-18 " Maestro bueno... Nadie es "bueno" sino sólo Dios." Aquí "bueno" significa "perfecto." El hombre que hacía la pregunta podía haber cambiado el cumplido, el cual Jesús rechazaba, en un reto. El maestro de Dios (i.e., el "perfecto") predicaría la verdadera revelación. Cualquiera que hubiese aceptado el título podría haber sido señalado de un falso maestro. Jesús rechazó la carnada del cumplido y se refirió al Torah (eel Cuarto al Octavo mandamiento) para responder la pregunta. De esta manera, Jesús podía reclamar la prédica de la voluntad de Dios desde el Torah, igual que cualquier otro Rabino.
10:20 " Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven." El hombre estaba a la defensiva, él trataba de justificarse a sí mismo en términos de la respuesta de Jesús. El hombre era un Judío cumplidor de la Ley, pero, en su pregunta estaba implícita el sentimiento sumiso que el solo cumplimiento de la Ley no era suficiente.
10:21 " ... tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme" Jesús invitó al hombre al discipulado después que él había puesto su confianza en el Dios Padre. La acción de vender todo lo que él tenía y dárselo a los pobres significaba que no confiaría más en sus riquezas al "intermediario" para invertirlo. No, él las daría a Dios mismo. Esta actitud iba a mostrar toda la fe que era capaz de moverlo más allá del cumplimiento del Torah. El hombre actuaría igual que Dios actuó, dando libremente sus bienes a aquellos necesitados. Tal caridad (y discipulado con Jesús) ayudaría a preparar al hombre para ocupar un lugar en el Reino.
10:22 "... porque tenía muchos bienes " El hombre era un rico terrateniente.
Mientras se abre la escena, un hombre corre hacia Jesús, se arrodilla en señal de respeto, y luego le dirige la palabra con la frase "Maestro bueno." Jesús rechaza el término "bueno" puesto que el título podía ser una zancadilla [17-18]. Pero, en el intercambio, el hombre inquiere sobre la vida eterna; este fue una señal que el hombre vio el sendero ("camino" en 17) que Jesús y sus seguidores tomaron como el medio para la vida eterna. Entonces Jesús preguntó acerca de la vida moral del hombre [19]; cómo ha respetado él la Ley de Dios (Diez Mandamientos, números del 4-8)?
Cuando el hombre respondió de forma afirmativa, Jesús se movió al siguiente paso: la invitación al discipulado [21]. Pero el costo era alto. El hombre debía renunciar a sus posesiones, no necesariamente su riqueza personal, pero sus ataduras a los familiares y a los negocios. El hombre sería un huérfano social; su familia sería la Iglesia.
Si el hombre estuviese dispuesto a renunciar a sus posesiones, el abandonaría su confianza en el sistema cliente-mentor del mundo antiguo. Al igual que la nota anterior implicaba, los mentores actuaban como los "intermediarios" entre las familias ricas gobernantes y las familias de los sirvientes más pobres. Por los beneficios otorgados a las familias más ricas, las familias más pobres (i.e., clientes) pagarían sobornos, impuestos, y comisiones. Ellas también se ocuparían de mejorar la reputación de las familias más ricas, cimentando sus estatus más altos. Los intermediarios entre las familias crecieron en riqueza e influencia mientras las relaciones entre las familias eran más sólidas.
El hombre era rico. Más importante, sin embargo, el usaba sistema mentor-cliente ventajosamente para beneficio de su reputación. Jesús le pidió que dejara ese sistema y sus prerrogativas. El hombre llegaría a ser un discípulo típico.
Pero qué ganaría él? En vez de tener clientes, el sería un cliente de Dios el Padre. En vez de tener a otros dependiendo de él, él dependería totalmente de Dios. Esto sería un verdadero acto de fe. El entonces estaría verdaderamente listo para seguir a Jesús.
Al final, el hombre no pudo unirse a Jesús y desapareció del lugar. El no pudo renunciar a lo que le costó casi toda su vida acumular: riqueza y poder.
23 Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: "¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!". 24 Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: "Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! 25 Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios".
26 Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: "Entonces, ¿quién puede salvarse?". 27 Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: "Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible".
28 Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".
29 Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna".
10:27 "Para Dios todo es posible." esta frase popular Judía encuentra sus raíces en Génesis 18:14 (véase también Job 42:2 y Zacarías 8:6). Jesús remarcaba sobre la dificultad que representa para un rico entrar en el Reino de Dios [23-25]. En los tiempos de Jesús, las riquezas implicaban familia numerosa, negocios, y conexiones políticas con sus intereses conflictivos; la vida del rico era muy estresante y muy pesada. En contraste, el estilo de vida de Jesús era sencillo y sin ataduras. Pero aún la sencillez no garantizaba la salvación [26]; el sencillo y el pobre tenía problemas que lo distraían de la fe. Jesús recordaba a sus seguidores que la fe era un don de Dios; él cuidaría de cualquiera y de todos los problemas cuando la fe era una prioridad [27]. Esta actitud tenía sus raíces en el Judaísmo.